Por qué hay conductores que cubren el retrovisor con una bolsa
El gesto de colocar una bolsa en el retrovisor tiene una lógica clara: evitar que los pájaros ataquen o ensucien esta parte del coche.
Durante la temporada de cría, algunas aves detectan su propio reflejo en el espejo y lo interpretan como un competidor. El resultado: picotazos, excrementos y un entorno que, si no se limpia a tiempo, puede estropear la pintura o el barniz.
Así se usa y por qué funciona
Un reflejo que desata la batalla
Imagina un mirlo posado en la rama de un platanero urbano. Desde allí detecta lo que parece otro macho invadiendo su territorio. Pero no es otro pájaro: es su propio reflejo en el retrovisor lateral de tu coche. Esa ilusión óptica basta para activar su instinto defensivo. Lo siguiente suele ser un picotazo, un salto sobre el cristal… o un ataque con todo su arsenal intestinal.
Al cubrir el espejo, se elimina ese reflejo y el estímulo desaparece. No hay amenaza, no hay reacción. Una intervención mínima que evita una consecuencia desagradable.
Excremento ácido y pintura delicada
El problema no termina en el espejo. Las heces de las aves contienen uratos y ácidos que, si se secan sobre la carrocería, pueden dejar marcas permanentes. La DGT y varios fabricantes han alertado en ocasiones sobre el riesgo de no limpiar estos restos con prontitud, ya que atacan los barnices modernos con rapidez.
Una mancha blanca que parece superficial puede convertirse en una huella química. En verano, con el sol directo, el efecto se acelera. Un parabrisas o una aleta lateral pueden terminar con un cerco irreparable en cuestión de horas.
¿Cuándo conviene usar el truco?
- Durante primavera y verano, coincidiendo con la cría de especies como gorriones, mirlos o urracas.
- En entornos donde abundan los árboles, jardines, parques o cables con tendido eléctrico cerca del aparcamiento.
- Si tu coche permanece varias horas parado a la intemperie y has notado marcas recurrentes en los espejos.
¿Y si olvidas quitar la bolsa?
Un error común (y peligroso). Con la bolsa colocada, el retrovisor queda inservible. No puedes ver el ángulo lateral, no detectas vehículos, motos o peatones. Iniciar la marcha así puede ser sancionable… y provocar un accidente.
Por eso, si usas este truco, hazlo como solución puntual y asegúrate de retirarlo siempre antes de conducir. Una simple rutina: mirar los espejos antes de arrancar. Si ves plástico en uno de ellos, detente.
¿Y si en vez de bolsa…?
Existen fundas específicas para retrovisores, más estéticas y reutilizables. Algunas están acolchadas, otras llevan revestimiento térmico para proteger del hielo. Pero la mayoría de quienes optan por la bolsa de plástico lo hacen por inmediatez: aparcan, cubren y se marchan. Es un recurso improvisado que no cuesta un céntimo.
Lo que nunca debes hacer
- No uses bolsas demasiado ajustadas que puedan adherirse por calor a la superficie plástica del espejo.
- No emplees cinta con adhesivo agresivo: puede dejar residuos o arrancar barniz.
- Evita cubrir ambos retrovisores si sabes que eres propenso a olvidos.
En resumen: un gesto sencillo que responde a una causa natural y previene consecuencias muy molestas. Y aunque no sea bonito, es funcional. A veces, en el mundo del motor, la solución más eficaz es también la más humilde.