Cinco preciosos pueblos donde el otoño huele a chimenea
Con esta bajada de temperaturas el cuerpo ya pide planes diferentes y uno de los que más placer da es acurrucarse en un sofá mullido, tapado con una buena manta a los pies de una chimenea. Y es que pocas cosas relajan más que dejarse hipnotizar por el baile de las llamas. Además, ya solo el olor de las chimeneas cuando vuelves a casa despierta esa sensación de calma y confort que tanto se busca cuando te quieres relajar lejos de la ciudad.
Por eso, para empezar la temporada de frío y disfrutar de lo mejor del otoño, aquí va una lista de esos pueblos que huelen a chimenea y tienen todo para dar ese paseo que te recuerda por qué el otoño es una de las mejores estaciones del año.
Ezcaray (La Rioja)
Antes de que la nieve llegue y los deportes de invierno se hagan con todo el protagonismo, en este rincón riojano el otoño brilla con todo su esplendor. En cualquiera de las rutas suaves por el valle del Oja y hasta el Hayedo de Zaldierna el paisaje es un regalo que incluso tiene banda sonora, la de las hojas crujiendo bajo tus pies. El plan es sencillo: paseo por la mañana, comida excelente con los productos de la zona y siesta bien pegados a la chimenea.
Ochagavía (Navarra)
Puentes de piedra entre casas señoriales, humo en los tejados y la Selva de Irati a un paso: pocas postales definen mejor el otoño. El pueblo es pequeño y acogedor y, en cuanto sales, los caminos entre hayedos y abetos te envuelven en esa luz dorada que apetece fotografiar sin parar.
Valverde de los Arroyos (Guadalajara)
A los pies del pico Ocejón, este pueblo de arquitectura negra brilla con la llegada del frío. Las chimeneas empiezan a humear y el aire huele a madera recién cortada. Sus casas de pizarra y tejados oscuros forman un conjunto único que parece hecho para el otoño. La ruta hasta la cascada de Despeñalagua es la excusa perfecta para salir al campo y volver con las mejillas encendidas y ganas de sentarse junto al fuego para asar unas castañas mientras se calientan las manos.
Orbaneja del Castillo (Burgos)
El agua es la verdadera protagonista en este pueblo burgalés. Nace entre las rocas, se desliza por las calles y acaba en una gran cascada que parece salida de un decorado de fantasía. Pero en otoño se suman otros elementos que convierten a este pueblo en uno de los más visitados y fotografiados. Desde la niebla misteriosa de primera hora de la mañana hasta el tono de los árboles que rodean al pueblo. En estas fechas, sin duda, es cuando más espectacular luce desde cualquier de sus muchos miradores.
Capileira (Granada)
En el sur también hay paisajes otoñales, aunque con matices. En la Alpujarra granadina el blanco sigue siendo el color predominante, aunque las vistas del Veleta con su pico ya blanco nos recuerdan que hay que abrigarse antes de perderse entre los caminos de nogales y castaños.
Y es que, de norte a sur, el otoño brilla en su mejor momento. Una oportunidad que no hay que dejar pasar.