«No hay huevos» es una frase habitual en una casa con adolescentes que, por las redes, han decidido que es el alimento perfecto, completo y versátil, revueltos, fritos, duros. Cuando se escucha es momento de emprender la aventura extrema de ir a la compra y ver qué suma el ticket cuando aparece la cifra en la pantalla. El alivio de no llegar a los cien euros. Hubo una época en la que se puso de moda preguntar a los políticos, así, a bocajarro, por el precio de un café. Debería volver, pero con productos de la cesta de la compra, esos que no deben de entrar bien en el cálculo del IPC, con aumentos menores a nuestras percepciones. En una...
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