Está muy en auge lo de borrar los mensajes del móvil, hasta llegar al jefe de gabinete de Mazón, que acaba de declarar que en su teléfono no hay nada del día clave del temporal. Borró los mensajes. Otro que borró los mensajes. Ya es casualidad. Y lo mismo aún conserva las confidencias con un cuñado, o los detalles de la cita de un técnico que iba a cumplir la revisión obligada de la caldera de calefacción. Uno pensaba que el borrado de mensajes era un vicio de adúlteros, pero ya vamos viendo que desde los jerifaltes hasta los ayudantes de los jerifaltes se dan maña en dar sepultura al historial de 'whassap', «ahí do más pecado había», que dice...
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