Para tener la fiesta (de primavera) en paz, el Ayuntamiento de Sevilla aplacó a la hidra uniformada con una valoración astronómica de las horas extras, una bicoca de varios centenares de euros por cada día trabajado sólo facturables por los abogados corporativos de Wall Street o por la chavalería que vigila las playas del Campo de Gibraltar. La Intervención municipal y el sentido común, mencionados en estricto orden de aparición, han aconsejado ahora al alcalde Sanz endurecer un tantito su postura de cara a las francachelas decembrinas y el primer cadáver (metafórico) que ha arrojado la contraparte sobre la mesa de negociación fueron dos apocalipsis a la salida de sendos partidos, uno de la selección y otro del Betis, celebrados...
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