En México, la cultura de la muerte une a los vivos: Colosio y Manzo cabalgan por la república clamando por seguridad y justicia
El asesinato de un líder político se convierte en símbolo de admiración y lucha de la sociedad. Manzo y Colosio cabalgan por el país exigiendo justicia. La muerte los ha convertido en símbolo de la conciencia crítica y de la rebeldía de la dignidad nacional. Su sacrificio despertó a los jóvenes de la República del Twitter y del país y salieron por miles a protestar contra la violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad.
La marcha de la Generación Z convocó a todas las generaciones. Ahí estaban niñas, niños, jóvenes, personas adultas y personas adultas mayores, así como el presagio de un símbolo emblemático: la abuelita de Manzo, de 90 años, en silla de ruedas. Todas y todos, cansados del imperio de la criminalidad. Una movilización inédita, sin líderes tradicionales, sin templete y sin discursos prefabricados. Su fuerza radicó en la presencia de todas las clases sociales y de jóvenes rompiendo el silencio, desterrando la apatía y el temor.
Plazas públicas copadas de gente expresando su reclamo por la incompetencia de los tres niveles de gobierno, clamando por la paz y la armonía social, anhelando oportunidades para una vida mejor. Es el inicio de algo nuevo, el comienzo de un andar que puede trascender. El símbolo del alcalde michoacano podría ser el aglutinante de un movimiento político plural, una organización inédita en torno a un símbolo político.
El gobierno está en una encrucijada: su problema radica en la falta de resultados y en la pérdida de credibilidad ante parte de la opinión pública. Las estadísticas y los informes oficiales no convencen. Uruapan los tiró a la basura, reflejando la realidad del país. La sombra de López Obrador, los fantasmas de la corrupción, del huachicol, de la inseguridad, la extorsión y la impunidad están alineando los astros a favor de una tormenta perfecta. Los transportistas y los productores agrícolas están en paro carretero. El gobierno está obligado a atender estas demandas.
Los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y de Carlos Manzo los convirtieron en ídolos y en reivindicadores de causas populares. Hoy, juntos, protagonizan la aventura por el cambio democrático y el restablecimiento del Estado de derecho, la paz y la tranquilidad nacional.
A Porfirio Díaz se le adjudica la frase de que ante una insurgencia legítima sólo encabezándola se le puede sofocar. La presidenta tiene que consolidar su liderazgo, modificar su gabinete, convocar a un Acuerdo Nacional por la Seguridad y combatir, en serio, la corrupción y la impunidad y, por supuesto, cumplir su apuesta mayor: garantizar la seguridad y desterrar la extorsión en el país.
Como dicen los aficionados al malabar: «Ya hay apuesta, está en el aire». Colosio y Manzo con su sombrero, los dos, como el Cid Campeador, cabalgan por la república en aras de la reivindicación nacional.