La condena del fiscal general, que ayer se vio finalmente obligado a presentar su renuncia, rubrica la quinta derrota del sanchismo en la guerra cada vez más sucia que enfrenta a su caudillo con Isabel Díaz Ayuso, cuyo pecado es vencerle una y otra vez. Movido por una obsesión que trasciende lo político para adentrarse en el campo de la psiquiatría, Pedro Sánchez ha lanzado a sus más fieles campeones contra la presidenta madrileña, sin cosechar otra cosa que fracasos estrepitosos. Primero fue Pablo Iglesias, flamante vicepresidente del Gobierno, cargo al que se había aupado envenenando el debate público y las tertulias de televisión con dosis de violencia dialéctica desconocidas hasta entonces fuera del marco etarra. El fundador de Podemos...
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