Me llevaron a comer a una finca preciosa propiedad de un matrimonio muy fino. Una respetable extensión de árboles frutales alfombraba el terreno. Pregunté por aquello de fingir interés, qué menos, ya que me convidaban. El dueño me contó que, en unos pocos días recogerían la cosecha y me soltó la bonita cantidad que esperaban recaudar. Esto me pareció menos fino, pero en fin, como ya andábamos pimplando pensé que la ingesta de priva desataba su lengua. Antes del postre, el señor fino le preguntó muy sosegado a su fina esposa: «Cariño, ¿has contratado el seguro contra el pedrisco?». Tras hipar un poquito, contestó: «Ups, no, se me ha olvidado…». En esas apareció una suerte de capataz. Era un tipo...
Ver Más