Las segundas oportunidades, en algunos casos, no son un regalo sino una recompensa. Córdoba, que celebra este domingo el Día Europeo de las Personas sin Hogar cuenta con más de 400 personas en esta situación , atendidos por la red Cohabita, de la que forma parte la Fundación Don Bosco. Es complicado, pero de vez en cuando surgen rayos de esperanza con personas como Patricia y Oussama que han pasado de vivir en la calle a tener a día de hoy una estabilidad, un trabajo, una casa y un futuro prometedor gracias a una correcta toma de decisiones. Oussama, con 24 años ahora, llegó en 2018 en patera desde Marruecos, viendo que su futuro allí no era nada esperanzado. Como todavía era menor, fue a parar a un centro de acogida hasta cumplir los 18. Con la mayoría de edad «te cambia la vida por completo . Tengo familia lejana aquí, pero no me entendí con ellos y terminé en la calle. Además me pedían dinero que tenía que ir enviando dinero». Empezó a trabajar en el campo , en Córdoba con 19 años, pero sin papeles que ya habían caducado. Durante el día trabajaba, pero las noches eran «insoportables, temblando de frío en invierno y pasando calor en verano, durmiendo en los puentes de Córdoba». En ese momento, solo pensaba en tener dinero para poder enviarlo a su familia. Y durante un año y medio estuvo en albergues para personas sin hogar, durmiendo a la intemperie y siendo usuario del plan 'ola de frío' del Ayuntamiento. Durante su estancia en el albergue, en pleno confinamiento, le surgió la posibilidad de formarse para ser peluquero, el oficio al que se dedica a día de hoy en el centro comercial de El Arcángel con valoraciones positivas por parte de la empresa que hoy lo acoge. Allí encontró a la Fundación Don Bosco de Córdoba que forma parte de la red Co-habita para atender a las personas sin hogar que como Oussama querían salir de esa situación. Él recuerda «emocionado» el primer día en el que empieza a trabajar como peluquero después de un año y medio en la calle. «Veo a menudo a los amigos que tenía antes y algunos siguen igual , siempre intento aconsejarles que se enfoquen en lo bueno, que no pierdan el tiempo», narra. Otros compañeros tomaron otras decisiones y los caminos han sido totalmente opuestos al de Oussama que representa una esperanza para los que ahora se encuentran sin un techo al que acudir cada día. La historia de Patricia Montero , con 20 años, tiene similitudes con la de Oussama. Al menos, coinciden en que ambos han encontrado estabilidad tras un tiempo sin hogar, en un albergue o en la calle. «A los 16 entré en protección de menores y estuve hasta que cumplí los 18», momento en el que se abre un muro de incógnitas sobre donde ir cuando no tienes una familia que te respalde o un hogar en el que refugiarte. Tras un tiempo buscando dónde poder dormir, entró al albergue de Cáritas para personas sin hogar donde pasó tres meses «horribles». «Tener que dormir en el albergue con personas de 40 o 50 años siendo una mujer es complicado, allí no estaba a gusto, era complicado poder estarlo, pero no tenía dónde ir, estaba en la calle». Gracias a un recurso municipal, pudo hacer cursos con prácticas remuneradas hasta hace un mes. Con eso, y algo de ahorro personal, pudo entrar en un piso de alquiler , compartiendo con otras personas, pero teniendo un espacio propio de intimidad y un techo. «Ahora estoy buscándome la vida porque quiero seguir adelante y no quiero como volver atrás». Ante eso, Oussama añadió que «el tiempo no se compra y si pudiera volver a atrás o haría para aprovecharlo mejor aunque lo haya pasado mal» Ambos recuerdan la vida en el albergue como una etapa complicada. «Estuve los tres meses ahí sin dormir, porque no conocía a nadie y tenía miedo a que alguien me hiciera algo», explica Patricia. «Dormir en la calle es invierno es muy complicado, ves a tus amigos temblando por el frío , y lloviendo por todos lados», apunta Oussama. Además, señala que «me daba vergüenza decirle a mi familia que estaba en esta situación, les decía que dormía en un piso. Entras al albergue, ves gente mayor, que incluso tienen que drogarse para relajarse . Para entrar en el albergue tienes que pasar por la ola de frío, y antes tienes que estar en el puente, ha sido todo paso a paso hasta llegar hasta donde estamos», comenta Oussama. El factor mental es uno de los más importantes en este tipo de casos. En la Fundación Don Bosco cuentan con un equipo de psicólogos para tratar cualquier problema con las personas que llegan de la calle. Ambos no tienen trucos para sobrellevar situaciones adversas pero sí señalan la importancia de «pensar siempre que lo vas a lograr y que vas a salir adelante». No olvidan tampoco los días de «bajones» anímicos. Antes tenían como referencia a muchas personas que llegaron en su misma situación y ahora tienen estabilidad. Después de un largo proceso, tanto Oussama como Patricia se han convertido en esos referentes que idolatraban y agradecen cada barra de pan que pueden comer. Oussama añade que «tengo ahora amigos que no tienen nada y están como yo estaba. Intento que vengan al gimnasio conmigo y ayudarlos, porque a mí me hubiese gustado que lo hiciesen conmigo en su momento».