Fue estrenar el alumbrado de Navidad en Madrid y ya se estaba manifestando el sanchismo en la puerta del Tribunal Supremo con abrigos largos de la 'gauche divine' tan reconfortantes, bucólicos e invernales que parecía que había puesto Almeida una pista de patinaje sobre hielo. La izquierda sale a la calle con esa naturalidad suya como de volver del quiosco de comprar un diario independiente de la mañana en una estética ideológica tan pretendidamente pulcra y elegante que parece desinfectada con Taittinger. Que esto iba a pasar ya lo dijimos hace tiempo. Si el Supremo condenaba a Alvarone General del Estado, estaríamos ante un tribunal cuajado de fascistas, de togas con brillos, apulgaradas por el heteropatriarcado y oliendo a Faria,...
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