La COP30 ha concluido en Belém , Brasil, con un desenlace que supone una ducha fría para quienes aún se aferran al discurso del colapso planetario. Pese a las arengas encendidas, las largas negociaciones y las expectativas generadas por celebrarse en plena Amazonía, la cumbre no logró el que era su objetivo más simbólico y esperado: un compromiso claro y detallado para abandonar los combustibles fósiles. El acuerdo final evita cualquier hoja de ruta vinculante, y se limita a un reconocimiento genérico del problema, sin trazar ni tiempos ni medios concretos. Más de 80 países, incluidos los europeos, reclamaban una transición estructurada, pero el texto aprobado fue diluido por la resistencia de los productores de petróleo y gas, apoyados por...
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