Nunca en la vida he pasado tanto tiempo sin pisar el
Camp Nou. Siendo un romántico, no he querido ir a
Montjuic. Por suerte, mis amigos del
Centre d’Esports Agustí acogieron mi orfandad y es que no concibo la vida sin ese precioso ritual de ir al campo del Barça. Con tres años estaba en la falda de l’àvia viendo al equipo de
Cruyff,
Migueli y
Rexach. Desde entonces, fui a todos los partidos con l’avi Ragué que sólo se perdía la visita del Madrid porque de tantos nervios, se metía en un cine. Allí en la ‘Tribuna davantera’ he crecido con mi familia, los Barri Ragué, y con niños hoy adultos como Jaume e Ignasi.
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