Los pueblos reales que esconden el mayor misterio de la serie más vista en Netflix
De la novela al rodaje: el poder del lugar
Estrenada el pasado 14 de noviembre, la serie El cuco de cristal, dirigida por Laura Alvea y Juan Miguel del Castillo, traslada a la pantalla la inquietante historia escrita por Javier Castillo. El medio La vanguardia ha desvelado los escenarios reales que dan vida a esta producción: dos pueblos con gran peso simbólico y visual.
Los enclaves elegidos no solo aportan belleza o realismo, sino que se integran como un personaje más dentro de una historia marcada por el misterio y los saltos temporales. Se trata de Béjar (Salamanca) y Hervás (Cáceres), cuya fusión de historia y paisaje ha sido clave en el desarrollo de la narrativa.
La Salamanca más literaria: Béjar
Una ciudad con herencia renacentista
Béjar alberga buena parte de la acción. Declarada Conjunto Histórico Artístico desde 1974, sus calles empedradas, plazas y murallas recrean un entorno perfecto para una historia de secretos y memorias familiares. Escenarios como el Castañar, la Plaza de Toros y el Museo Mateo Hernández se muestran bajo una luz casi mágica.
Monumentos como El Bosque, villa renacentista de 1567, o el Palacio Ducal con su inscripción a Don Quijote, se integran con naturalidad en el desarrollo de la trama, reforzando la dimensión simbólica de la serie.
Una atmósfera mística al servicio del suspense
La doble muralla de Béjar y sus portones medievales, como la puerta del Pico o la de San Pedro, aportan un aire de enigma que enriquece visualmente los momentos más tensos de la serie. La elección de esta ciudad subraya el deseo de los creadores por contar con localizaciones que transmitan autenticidad.
Hervás y el alma del Valle de Ambroz
Un enclave con alma sefardí
En el norte de Extremadura, Hervás despliega su encanto como contrapunto emocional y narrativo. Este pequeño municipio de 3900 habitantes se convierte en refugio y enigma para los personajes, gracias a su barrio judío perfectamente conservado, la Iglesia de Santa María de Aguas Vivas, el Convento de San Juan Bautista y el Puente de la Fuente Chiquita.
Estos espacios han sido fundamentales en las escenas introspectivas protagonizadas por Clara (Catalina Sopelana), joven médico que tras recibir un trasplante de corazón inicia una búsqueda para descubrir la identidad de su donante.
Conexiones invisibles en el corazón rural
La historia conecta a Clara con Marta Peña (Itziar Ituño), una madre atormentada por el pasado, y con una comunidad que guarda secretos silenciados. Junto a ellas, el reparto encabezado por Álex García, Iván Massagué y Tomás del Estal construye una tensión constante que ha enganchado ya a más de dos millones de espectadores.
Las localizaciones extremeñas no solo aportan realismo, sino que refuerzan la profundidad psicológica del relato y el choque entre el presente y los ecos de otras épocas.
Un viaje a los escenarios de la serie
Cómodamente accesibles desde Madrid
- Béjar: A tan solo 2 horas y 20 minutos en coche desde Madrid, a través de la A-6, A-51 y A-66.
- Hervás: A 2 horas y 45 minutos, mediante la A-5, EX-A1 y N-630.
Ambas localidades ofrecen al visitante la posibilidad de sumergirse en el universo de El cuco de cristal, recorriendo los lugares exactos donde se rodaron las escenas clave.
Turismo, literatura y pantalla
La serie ha despertado el interés por el turismo rural y cultural, combinando el tirón de Javier Castillo como autor superventas con el magnetismo visual de estos pueblos históricos. Tanto Hervás como Béjar refuerzan así su proyección nacional como destinos con historia y misterio.
La Junta de Extremadura y otras entidades locales han destacado el impacto positivo de la producción en términos de visibilidad, promoción y oportunidades para el entorno rural.
La elección de escenarios reales como Béjar y Hervás demuestra cómo el entorno puede transformar una historia y elevarla a otro nivel, atrayendo tanto al espectador como al viajero curioso.