¿Es conmigo? El panel interpelaba desde el otro lado del paso de cebra y obligaba a los ojos a fijarse en el rojo fuerte que le hacía de marco a las letras. «No mires para otro lado». El que llegaba por los Jardines de la Victoria dejó pasar la cuenta atrás agobiante del paso de cebra y se quedó mirando a la cara de perfil y al rostro cegado por un espejo. No obligaba a fijar la vista, como los hipnotizadores , pero había que detenerse, como pasa con los poemas enigmáticos, para entender la metáfora. Por un momento parecía que la campaña obligaba a mirarse en el espejo de la violencia doméstica y a pensar en si uno, y...
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