Decía Miguel Ríos que la censura del franquismo tuvo su lado bueno porque obligaba a ser más creativo, pues en esa sesión de maquillaje de las letras uno podía acabar topándose con hallazgos prodigiosos. Pero hubo quienes renunciaron a retorcer sus ideas iniciales y presentaron sus composiciones tal cual las escribieron, arriesgándose a tener que comparecer ante el Tribunal de Orden Público (TOP) para dar explicaciones. A Cecilia le tocó ir allí declarar el 28 de noviembre de 1973 a cuenta de la canción 'Un millón de muertos»', título que aludía a la novela homónima de José María Gironella y por tanto también al horror de la Guerra Civil. Ahí Cecilia ya sí tuvo que encogerse por pragmatismo, argumentando que la letra hablaba de la guerra de los Seis Días, que aseguró haber sufrido en persona durante su infancia en Jordania. Una medio verdad, ya que sí vivió allí, pero no en ese momento. Coló. Aun así, el nombre del single se cambió por 'Un millón de sueños' y fue declarado «no radiable» (con Franco ya muerto se desquitaría publicando 'Una guerra', que decía: «Una guerra pasó por esta tierra como una maldición / dejando atrás su olor a muerte y destrucción»). Sin duda un castigo a la reincidente osadía de Cecilia, que ya había desafiado a los censores al presentar el disco que contenía la canción con una portada y un título tremendamente retadores. Se llamaba 'Me quedaré soltera' y, en el colmo de la provocación , la imagen que acompañaba a tan escandalosa frase mostraba a Cecilia como si estuviera embarazada. Tras la sucesión de estupor, cabreo y vuelta al trabajo del censor de turno, acabó llamándose 'Cecilia 2' , y la portada se cambió por una fotografía sin connotación alguna. Sí la hubo en la de su primer disco 'Cecilia', donde la cantante aparecía con un guante de boxeo en la mano derecha, como avisando del tortazo que pretendía darle a la sociedad con su canción protesta (otros dicen que es un simple homenaje a 'The Boxer' de Simon & Garfunkel, cuya canción 'Cecilia' inspiró su nombre artístico, pero ambas teorías no son incompatibles). En aquel elepé de debut incluyó 'Dama, dama', una crítica indisimulada a las hipocresía de la alta burguesía con la que tuvo que relacionarse por el trabajo de su padre en la diplomacia, donde cantaba: «Puntual cumplidora del tercer mandamiento, algún desliz en el sexto». Un verso que propició su primer desencuentro con la censura, que lo dejó en «... algún desliz inconexo». Pero Cecilia vivió el momento más tenso con la censura con su tercer disco, 'Un ramito de violetas', que vio la luz en plena agonía del franquismo. Un tema crítico con el militarismo, 'Soldadito de plomo' («Soldadito de plomo / no es el colmo / que tengas que luchar / por un general de madera»), fue declarado «no grabable» y no fue publicado hasta el disco póstumo 'Canciones inéditas' (1983). Igual destino tuvo 'El Testamento' por no dejar títere con cabeza : «Voy a repartir mis bienes / Voy a dividir mi herencia / En seis porciones iguales / Cómo ahora aquí se enumera / Un sexto dejo al obispo / Para que amplíe su iglesia / Más no sé porqué lo hago / Si casi nunca se llena (…) Otro sexto a la alcaldía / Para que en obras lo invierta / Aunque luego el edil haga / Lo que en la gana le venga». En ese álbum de temas inéditos también incluyó el alegato contra la explotación laboral 'Día tras día' : «Vivo trabajando, trabajando muero / Me encienden a las 5 y me apagan a las 9 (…) Mi vida sе gasta sin subir un peldaño (…) Minuto a minuto me muero callando / He vendido mi cuerpo, he vendido mi alma / Me han comprado mi vida por un puñado de plata». Y también un furibunda crítica contra la manipulación informativa de la televisión en 'Cíclope' : «Miro el mundo por tu ojo y me parece que el despojo no es tal despojo / Que la riqueza no es tan rica ni la miseria tan mísera / Ni la vida tan efímera / Será quizás que mis verdades son mentiras» y acaba con «Y ahora veo con mis ojos y me deslumbran las realidades / El rojo es siempre rojo, el negro negro / Y la mentira es mentira / Y no es verdad que mis verdades son sólo mías». Pero la canción de Cecilia que más ríos de tinta ha hecho correr es sin duda 'Mi querida España' , que ha sido siempre vista mayoritariamente como una llamada a la unión y la reconciliación entre los españoles ante la inminencia de la muerte del dictador. El mensaje original era muy distinto al que los censores permitieron ser publicado, ya que no aludía a una España sino a las dos que quedaron enfrentadas por el alzamiento militar contra la democracia. «Esta España viva, esta España muerta, esta España blanca, esta España negra» , «esta España nueva, esta España vieja, esta España en dudas, esta España ciega», decía la letra. ¿Es, por tanto, un error pensar que Cecilia quiso unir a los españoles con su canción más famosa? «En mi opinión, muchos aspectos de la historia española acaecidos en los últimos años del franquismo y los primeros años de la transición, han sido edulcorados y atemperados para dar una apariencia de tranquilidad a un periodo histórico que fue especialmente violento», opina Eduardo Bravo, autor del libro 'Cecilia 2' . «Tampoco Cecilia fue una artista que se mantuviera ajena a la situación política del país aunque, con el tiempo, su figura se perciba como la de una compositora ponderada y tibia que nunca pretendió incomodar a nadie». Según Bravo «hay que ser muy cauto a la hora de hacer este tipo de apreciaciones, porque es imposible interpretar en la voluntad o el pensamiento de alguien que falleció de manera repentina y en plena juventud hace décadas», pero el periodista y escritor cree que la obra de Cecilia «resulta especialmente transparente a la hora de conocer sus preocupaciones e intereses» . «Con todo el respeto a esas interpretaciones que consideran que 'Mi querida España' hace referencia a la concordia, a la reconciliación y que, en ocasiones, han sido incluso refrendadas por la propia familia de la artista, sí creo que este tema de Cecilia es, de nuevo, una crítica a la dictadura », concluye Bravo. «Por supuesto, una crítica realizada con esa inteligencia, tacto y lirismo que caracterizan todas sus canciones, pero crítica al fin y al cabo». Por otra parte, Bravo señala que a pesar de «se repita constantemente que los censores eran personas poco formadas o que se extralimitaban en su celo, sabían bien lo que se hacían. Por muy obtusos que fueran, nunca entendieron que esos primeros versos apelasen precisamente a la reconciliación entre los españoles, como demuestra el hecho de que mandaran cortarlos. Por tanto, si no lo interpretaron ellos de esa forma, no les saquemos nosotros las castañas del fuego ahora: que apechuguen ellos con su infame papel y honremos nosotros a Cecilia por recordar, con el dictador todavía vivo, a esa España asesinada». Todo esto da sentido a que la primera biografía de Cecilia se titulase 'Equilibrista: la Vida de Cecilia'. Su autor, José Madrid , explica que según le contaba el novio de la artista, Luis Gómez Escolar, «ella no era nada proclive al conservadurismo» y por eso cree que « los dardos al franquismo están presentes , no solo en 'Mi querida España', sino en otras que ni siquiera pudo publicar en vida, como 'Soldadito de plomo'». Sin embargo, Madrid añade un matiz: «Ella tampoco creía en el puño alzado y en los prosélitos . Era mucho más amiga de retratar y exponer sin adoctrinar, y en eso era una adelantada a su tiempo y un ejemplo en esta época de polarización. Tomás Muñoz, que fue el jefe de CBS y el que la contrató, siempre decía que compartía con ella su 'herida sobre España'. Y creo que es bastante acertado si lo aplicamos a esta canción. Expresiones como 'alas quietas sobre vendas negras' muestran, como en otras canciones, una exposición más que una crítica de la oscuridad del régimen».