Las elecciones del pasado domingo no sólo fueron el inicio de la disputa por la presidencia chilena. También constituyeron una prueba más de que en estos tiempos ruidosos, cada vez que se plantan las urnas, la moderación sale derrotada. Esa es la lectura general que se puede hacer de los resultados: el centro derecha que representaba Evelyn Matthei, heredera del Gobierno de Sebastián Piñera, quedó sepultado bajo la derecha identitaria y radical y bajo un populismo sinuoso, propulsado por las redes sociales y Youtube, de efectivo arraigo entre los jóvenes e incierta concreción política. Pero Matthei no fue la única derrotada. A pesar de haber rebajado su entusiasmo refundador y de haber entendido que un país no se gobernaba con...
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