Ernest Urtasun, el ministro de Cultura que anunció un mandato de combate ideológico, acaba de poner en marcha la reforma estructural del Museo de América y del de Antropología, de acuerdo con los postulados de la descolonización y el indigenismo políticos que su equipo profesa . Dedicar nueve millones al Museo de América, que lleva 30 años en el olvido ministerial, abandonado a su suerte, con una museografía anticuada, es poner en marcha una apuesta que perdurará décadas. El grupo de trabajo creado a dedo en 2024 ha desembocado en este programa cuya base es tensionar la historia que nos contamos, cruzar la colección histórica con arte contemporáneo de colectivos indígenas y de inmigrantes, y la revisión decolonial de sus fondos, incluidos los debates y disputas sobre el origen de las colecciones (aquí quiere decir Quimbaya y más). Supera la necesaria modernización del discurso, la radicaliza a cuenta del presupuesto, mayor que el dedicado a la Biblioteca Nacional tras las inundaciones (ocho millones). La audacia de este proyecto impone su credo de combate ideológico , es casi la pirámide de Urtasun.