En los relatos deportivos, cuando se explica la vida de algunos futbolistas se tiende a olvidar que lo que les sucede, a menudo, no es tan excepcional. En un profesional de élite, los errores, la sensación de fracaso o la necesidad de evadirse para no afrontar la realidad suelen responder a las mismas causas que afectan a cualquier otra persona. La diferencia no es el trasfondo de la historia, es el amplificador que les rodea. Pero en los deportistas hiperbolizamos su destino y la caída de un jugador se convierte en una especie de epopeya artificiosa. El dolor se acaba transformado en una falsa épica, el problema en una metáfora moral simplista y la parte más oscura de la experiencia se disfraza con un romanticismo que deforma la realidad y dificulta entenderla. Un ejemplo claro de ello es el Informe Plus+ dedicado a
Dani Benítez. Más allá del aburridísmo planteamiento habitual, de señores sentados explicando cosas y alternándolo con imágenes de recurso, el reportaje desaprovecha el potencial de la historia. El jugador del Granada echó a perder su carrera profesional al dar positivo de cocaína en un control antidopaje. Los preliminares biográficos parecen justificar su mala cabeza. Pero lo peor de todo es que en el clímax del drama, cuando se descubre su positivo, el informe pasa a teatralizar su bajada a los infiernos. Con la ayuda del protagonista recrean cómo fue su estado de depresión. Lo muestran tumbado en un sofá, a oscuras, en el salón de su casa, con la mesilla llena de latas y un paquete de tabaco al lado. Yace alicaído, con la mirada perdida y triste. Para dramatizar aún más su episodio de pensamientos suicidas, colocan a Dani Benítez sentado en la ducha, con una luz azulada, cayéndole el agua por encima. Más que un reportaje explicando algo sincero y complejo, parece una secuencia de un videoclip malísimo de los noventa. El colmo llega cuando el propio jugador comenta: “Yo no diría que esa raya me lo quitó todo. Yo diría que esa raya me lo dio todo. Me dio otra oportunidad de poder brillar”. Provoca cierta perplejidad esta manera de romantizar la historia, incluso con pretensiones estéticas. A la hora de afrontar ciertos relatos deportivos, quizá sería más interesante buscar cómo conectan sus vivencias con aspectos sociales y humanos compartidos, qué tienen en común con otras personas, más que esta obsesión en fabricar héroes de nada.
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