Supongo que perder el tiempo es la única forma de encontrarlo después, cuando no sabes exactamente qué es lo que buscas, pero sigues mirando por la ventana al barrendero de la calle Luis Calvo, que lucha contra el otoño con la entrega de quien no tiene prisa por volver a casa: hay hombres que viven así. Y son tan silenciosos. Y tan raros. A mí me intriga ese hombre porque en su parsimonia veo un enigma a resolver, una intriga sin crimen, acaso un misterio. Ya no me interesa la gente con prisa, ¿pero a dónde van los lentos? Fantaseo, a veces, con que termina su turno y se sienta a escribir los endecasílabos que ha rumiado durante la tarde,...
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