VIVIMOS en los bares y restaurantes. Y en Sevilla, más todavía. Va en nuestra idiosincrasia, seguramente por nuestra forma de ser y por las condiciones climatológicas de nuestra zona. Tomarse una cerveza, reunirse en torno a una barra, comer rápido una tapa son acciones que están integradas en nuestro día a día. No es algo extraordinario ni mucho menos, hasta el punto de que casi todos tenemos algún local de referencia, alguna taberna habitual, alguna tasca en la que, nada más entrar, nos llaman por nuestro nombre, algo totalmente lógico cuando uno pasa tantas horas en un mismo lugar. Pero lo que no es normal es cómo les hablan determinadas personas —demasiadas, desgraciadamente— a los camareros. Las faltas de respeto...
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