La indemnización por demoras del AVE era el símbolo de una época que no volverá, como las golondrinas becquerianas. La de la modernización felipista, la de las grandes infraestructuras pagadas con fondos de cohesión europeos, la de la brillante España de los Juegos Olímpicos y de la Expo. Por supuesto que los que hemos tenido la suerte de vivirla la echaremos de menos, y también el dinero que Renfe devolvía las pocas veces que sus trenes no llegaban a tiempo. Pero la supresión de ese compromiso es a su vez la alegoría de su actual hundimiento, paralelo al del Estado eficiente cuya historia de éxito ha caducado sin remedio. Fue bonita mientras duró; ahora toca aprender que los procesos de...
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