Amor y libertad son el mismo don y nosotros somos los de la Cruz. El pueblo de Dios no prohíbe el burka ni el niqab, ni la libre expresión de la fe de cada cual, sea la que sea. Es nuestro mandato, y la parte que no entendimos la aprendimos con dolor de los leones y en las catacumbas. Exigimos, por supuesto que lo exigimos, el respeto a la Ley y a la convivencia pero no lo aprovechamos mezquinamente para atacar a los demás por sus creencias. Alrededor del islam no ha florecido jamás una sociedad libre. El islamismo es la más avara encarnación del mal, la mayor amenaza contra el mundo libre, y doy gracias a Dios, para mí...
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