Ahí estaba, metido en su envoltorio de cartón, flamante en primera línea de caja; para que a ningún cliente se le pase por alto que ya ha llegado al súper y se va a quedar una buena temporada. Se llama rosco de Reyes y su nombre no se construye sobre una metáfora. Es que es un dulce típico de Navidad y más concretamente del final de las fiestas, cuando la cabalgata ha pasado ya y toca esperar a que discurra la noche más emocionante del año. Pero al rosco, el apellido se le está quedando obsoleto porque bien podríamos rebautizarlo ya como la nueva tentación de otoño. Es una realidad incontestable que esa amenaza grave para la dieta se ha...
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