La juez de la causa de la dana ha incorporado las llamadas a la teleasistencia de personas que murieron ahogadas , unos audios que aportan relatos estremecedores de aquella tragedia en primera persona. Como el SOS desesperado de una mujer a quien la operadora le conminaba a colocarse en altura por la subida del nivel del agua: «Ya estoy subida al sofá ». Lorenza se comunicó varias veces con este servicio de ayuda a domicilio, en espera de un auxilio que nunca llegó. Aquella conversación arrancó con una confesión de miedo inequívoca: «Estoy muy asustada , me está entrando agua en casa , está llena , por todas partes y me puedo caer». Ante este peligro, desde la teleasistencia la conminaron a «subirse a un sofá o a la cama», algo que ya había hecho. «No se mueva de ahí, voy a avisar a los servicios de emergencia», prometió su interlocutora. «Por favor, por favor», fue su despedida, además de un «gracias». Al no poder contar con la Policía Local de Picanya, desbordados sus efectivos con otros muchos avisos, la teleoperadora contactó con una amiga de Lorenza para ver si podía rescatarla de su domicilio inundado. Pero Aurora también se había visto « encerrada » por el agua y pudo huir hasta la segunda planta. Y sumergida hasta las rodillas y «tirada», le dijo que no podía moverse ni descender para auxiliar a su vecina. Posteriormente, en un nuevo diálogo con la anciana, le preguntó si tenía algún vecino mientras ella le apremiaba porque el agua «entraba con mucha fuerza» y únicamente podía decirle que seguía «pidiendo ayuda». Otro caso con idéntico final documentado para la causa judicial es el de Anunciación , de 90 años de edad y residente en Utiel, cuya hija Francisca llamó a la teleasistencia para saber si habían podido rescatarla los bomberos. «Si está en casa tiene que estar muy mal, porque está el agua hasta arriba», advertía. Al otro lado del hilo telefónico, los malos presagios se agravaban, además: «No tiene luz tampoco, no podemos contactar». Posteriormente, al contactar la teleoperadora con el servicio de Emergencias de la Generalitat Valenciana, detalló la angustiosa situación de esta mujer nonagenaria y dependiente , con línea de teléfono fija conectada a un router y, por lo tanto, fuera de funcionamiento al estar sin suministro eléctrico . «No tenemos ningún contacto y la hija tampoco podía, ni la dejaban acceder a donde estaba ni sabía nada», añadía para dar idea de la urgencia. La secuencia se prolonga con sucesivas llamadas, en una desde la Policía Local explican a la operadora de la teleasistencia que no están realizando rescates, sino que sólo informan al centro de coordinación, y luego Francisca expresa sus temores a un desenlace fatal en varias ocasiones («Me temo lo peor») e insiste en que su madre no tiene movilidad y no puede haber salido por su propio pie de la vivienda. Por eso, al saber que el agua ha inundado todo incluso por las ventanas, va perdiendo toda esperanza. Una empresa encargada de estos servicios de teleasistencia ha entregado recientemente a la juez de Catarroja que investiga la gestión de la dana un informe sobre seis usuarios del sistema fallecidos, que reflejan un primer contacto en ese día que quedó registrado en la localidad de Utiel -en la que se desbordó el Magro- a las 15.51 horas del 29 de octubre. En el informe de esa compañía, incorporado a la causa, constan datos relativos a cuatro usuarios ya que de dos, según la información trasladada a la magistrada, no está registrada la activación del servicio por parte de las ancianas por ninguna de las dos vías: ni personalmente ni a través de familiares. La jueza había pedido a la empresa que gestiona el servicio las grabaciones de las llamadas , entrantes y salientes, efectuadas o recibidas el 29 de octubre por seis personas usuarias del servicio de teleasistencia.