Un feriante, que trabajaba en atracciones con niños, irrumpió la madrugada del 29 de junio en una explotación ganadera de la parroquia de Triabá, en Castro de Rei (Lugo). Entró en un establo, ató a una vaca con una cuerda, se subió a un taburete y tuvo un «acto de naturaleza sexual» con el animal. Un juzgado de Lugo le ha condenado al pago de una multa de 270 euros. No podrá tampoco trabajar con animales durante cuatro meses. Al dueño de la explotación ganadera lo despertó su madre sobre las seis de la mañana. La mujer, alertada por «los intensos e insistentes mugidos de la vaca», entró al establo y vio a un hombre subido al rumiante. Según lo que contó a la Guardia Civil, el individuo estaba todo manchado de heces y trataba de amansar a la vaca diciéndole «quietiña». En un primer momento, la mujer pensó que lo que quería era robar el ternero, pues la vaca estaba preñada y no iba a tardar en parir. Luego, al ver una cuerda larga, que no era de la explotación ganadera, con la que estaba atada la vaca, pensó que el hombre tal vez lo que pretendía era ahorcarse. El hombre negó lo uno y lo otro y aseguró a la señora que lo único que había querido era refugiarse esa noche en el establo. Pero cambió de versión cuando llegó el dueño de la explotación. Éste le acusó directamente de haber estado «follando a la vaca», y el feriante dijo que sí, lo reconoció, y se dio a al fuga. La Guardia Civil acabaría identificándolo durante el día. Ante los agentes, el hombre también reconoció los hechos. No lo hizo, sin embargo, en el juicio, ya que no se presentó. Pero el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Lugo, pese a no haber podido escuchar la versión del acusado en la sala, tiene claro que el feriante «se subió a la altura de la vulva del animal realizando algún acto de naturaleza sexual con la vaca que no ha podido ser determinado». El juez lo concluye así en base a varios elementos: que el hombre había reconocido al dueño de la explotación que estaba «follando la vaca»; que el denunciado estaba lleno de heces; por la forma en que los testigos vieron atado al rumiante, y por la posición en la que estaba el feriante cuando lo sorprendieron. La sentencia le condena a una multa de 270 euros por un delito de maltrato grave del animal. Porque, aunque el veterinario constató que la vaca no había sufrido lesión alguna, «se trata de un maltrato al animal que además puede reputarse como grave, dado que se le ató de cabeza y cola para impedir a la vaca reaccionar». Para más inri, le manipuló «en la zona del cuerpo del animal bajo su cola». En definitiva, los actos del acusado supusieron «un menoscabo y una humillación para la vaca». El juez rechazó la pretensión de la abogada del acusado que, subsidiariamente, había pedido que se condenase a su cliente a una pena de trabajos en beneficio de la comunidad. En primer lugar, porque eso necesitaría del consentimiento del acusado, que no se presentó al juicio, y, por otra parte, porque «se considera más ajustado a la entidad de los hechos la pena de multa».