Alejandra Malo: La importancia de contar con un protocolo de emergencias en la empresa
En el entorno empresarial moderno, la seguridad ocupacional ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica. Las organizaciones enfrentan diversos riesgos que pueden poner en peligro la integridad física de sus colaboradores, la continuidad operativa y la reputación corporativa.
Ante este panorama, contar con un protocolo de emergencias bien estructurado no solo es una medida preventiva, sino una herramienta fundamental para la gestión de riesgos.
Un protocolo de emergencias es un conjunto de procedimientos previamente establecidos que permiten actuar de manera rápida, organizada y eficaz ante situaciones críticas como incendios, sismos, fugas químicas, accidentes laborales, amenazas externas, entre otros; su implementación adecuada puede marcar la diferencia entre una evacuación exitosa y una tragedia.
El protocolo de emergencias tiene como finalidad establecer las acciones necesarias para proteger la integridad de las personas y los recursos de la organización.
Sus principales objetivos son proteger la vida y la salud de los trabajadores, minimizar los daños materiales y ambientales, y garantizar la continuidad operativa ante cualquier eventualidad. Asimismo, busca cumplir con la normativa legal vigente y fortalecer la cultura de prevención dentro de la organización, promoviendo una actitud proactiva frente a situaciones de riesgo.
Elementos Clave de un Protocolo de Emergencias. Un protocolo efectivo debe incluir los siguientes componentes:
Identificación de Riesgos. Antes de diseñar cualquier protocolo, es indispensable realizar un análisis de riesgos. Este proceso permite identificar los peligros potenciales en cada área de trabajo, evaluar su probabilidad de ocurrencia y el impacto que podrían generar. Herramientas como el IPER (Identificación de Peligros y Evaluación de Riesgos) o el Análisis de Riesgo por Tarea (ART) son fundamentales en esta etapa.
Clasificación de Emergencias. Las emergencias se clasifican según su gravedad y el nivel de respuesta que requieren. Las emergencias menores son incidentes controlables por el personal capacitado, sin necesidad de evacuar. Las emergencias mayores implican una situación más seria que puede requerir evacuación parcial o total, además del apoyo de cuerpos externos como bomberos o protección civil.
Finalmente, los desastres son eventos de gran magnitud que afectan de forma severa la infraestructura y demandan una respuesta interinstitucional.
Organización del Comité de Emergencias. Este comité debe estar conformado por personal capacitado en primeros auxilios, evacuación, búsqueda y rescate, combate de incendios y comunicación de crisis. Los roles deben estar claramente definidos: Coordinador general, Jefe de cada brigada, Responsable de comunicación del evento, Encargado de primeros auxilios y Guías de evacuación
Planes de Acción Específicos. Cada tipo de emergencia debe tener un plan de acción detallado. Por ejemplo: Incendio: Activación de alarmas, corte de energía, uso de extintores, evacuación por rutas seguras. Sismo: Protección personal, evacuación ordenada, verificación de estructuras. Fuga química: Uso de equipo de protección personal (EPP), aislamiento del área, ventilación, notificación a autoridades.
Rutas de Evacuación y Puntos de Encuentro. Las rutas deben estar señalizadas conforme a la Norma Oficial Mexicana NOM-026-STPS, y los puntos de reunión deben ser seguros, accesibles y conocidos por todo el personal.
Capacitación y Simulacros. La capacitación continua es esencial. Los simulacros permiten evaluar la eficacia del protocolo, detectar fallas y reforzar la preparación del personal. Se recomienda realizar al menos dos simulacros anuales, incluyendo uno sorpresa.
Comunicación de Emergencia. Debe establecerse un sistema de comunicación interna y externa que permita informar rápidamente sobre la situación, coordinar acciones y mantener la calma. Esto incluye radios, teléfonos, altavoces, correos electrónicos y grupos de mensajería instantánea.
Normativas y Legislación Aplicable. En México, diversas normativas laborales y de seguridad respaldan la implementación de protocolos de emergencia en los centros de trabajo.
La Ley Federal del Trabajo (Art. 132, fracción XVI) obliga a los patrones a establecer medidas de seguridad para proteger a los empleados.
Asimismo, la NOM-002-STPS-2010 regula la prevención y protección contra incendios; la NOM-019-STPS-2011 establece la conformación de comisiones de seguridad e higiene; y la NOM-030-STPS-2021 define los servicios preventivos de seguridad y salud en el trabajo.
Cumplir con estas normas no solo evita sanciones, sino que refleja el compromiso de la empresa con el bienestar y la seguridad de su personal.
Contar con un protocolo de emergencias ofrece múltiples beneficios para las organizaciones.
En primer lugar, contribuye significativamente a la reducción de accidentes y pérdidas humanas, al establecer procedimientos claros y bien estructurados para actuar ante situaciones críticas.
Además, mejora la percepción de seguridad entre el personal, generando confianza y un entorno laboral más tranquilo. También permite una respuesta más eficiente ante crisis, optimizando recursos y minimizando daños.
A su vez, garantiza el cumplimiento de las normativas legales en materia de seguridad y protección civil, y finalmente, fortalece la imagen institucional al demostrar compromiso con la integridad y bienestar de las personas.
Un protocolo de emergencias no debe verse como un documento más, sino como una herramienta viva que evoluciona con la empresa.
Su correcta implementación y actualización constante son clave para garantizar un entorno laboral seguro, resiliente y preparado ante cualquier eventualidad.
Invertir en prevención es invertir en el futuro de la organización.
La seguridad no es negociable, y contar con un protocolo de emergencias es el primer paso para construir una cultura organizacional basada en el cuidado, la responsabilidad y la acción.
La autora es Miembro del comité de EHS de Index Nuevo León.