????️ Baqueira Beret mira al mundo… ¿pero se olvida de mirar a sus propias montañas? (6 respuestas)
Baqueira Beret, la gran estación del Pirineo, símbolo del esquí y del turismo de alta gama, ha logrado consolidarse como un referente en Europa. Pero, en su camino hacia la internacionalización, parece haber dejado atrás una parte esencial de su alma: su identidad, su memoria, y la voz de las montañas que le dieron nombre.
Nació entre la Val d’Aran y las Valls d’Àneu, dos territorios de una riqueza cultural, histórica y lingüística únicas. Lugares donde los pueblos hablan con el eco del aranés y del catalán, donde cada valle tiene su danza, cada pueblo su fiesta y cada cabaña su leyenda. Donde la nieve no solo cubre montañas, sino también siglos de vida, de oficios, de lengua, de culturas, de historias y de tradiciones pirenaicas.
Hoy, sin embargo, Baqueira parece mirar más hacia el mundo que hacia sí misma. En su afán por ser “global”, se ha vuelto ajena a su entorno. La estación que podría ser el faro del patrimonio pirenaico ha preferido el brillo de lo impersonal: mensajes publicitarios en inglés, campañas "globalizadoras" sin raíces, nombres neutros y en lenguas foráneas y una estética que bien podría pertenecer a cualquier otro resort alpino.
Así, poco a poco, la montaña va perdiendo su voz.
Mientras el aranés —la lengua propia y autóctona que da identidad a la Val d’Aran— lucha por sobrevivir, Baqueira parece darle la espalda. Y lo mismo ocurre con el catalán del Pallars Sobirà y de las Valls d’Àneu, con su sonoridad de alta montaña, su sabor ancestral, su vínculo directo con la tierra y la autenticidad de una lengua nacida allí.
El paisaje sigue siendo el mismo, pero la manera de contarlo se ha vuelto extraña.
En lugar de celebrar las lenguas propias, las fiestas locales, la gastronomía de los valles o las leyendas que aún viven en la memoria de sus gentes, la estación se ha refugiado en la globalización y en el uso de lenguas foráneas (tanto en las redes sociales y web, como en la señalización física) y en una imagen “internacional” que vende más… pero no siente nada.
Y cuando la nieve se funde, también se derriten con ella las palabras, los sonidos y las memorias que daban sentido a este rincón del Pirineo.
No se trata solo de turismo: se trata de identidad.
Cada vez que se apaga una palabra en aranés, cada vez que se pierde una fiesta o una canción, se borra una parte del alma de estas montañas. Y una estación con el peso y la visibilidad de Baqueira tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de ser la voz que mantenga viva esa herencia milenaria, no la que la silencie.
Otras estaciones del Pirineo lo han entendido bien.
En Andorra, el catalán es orgullo nacional, presente en toda la comunicación y en cada esquina.
Vallter y Vall de Núria son referentes en el Ripollès, orgullosas de sus pueblos, tradiciones y su gente local.
En La Molina o Masella, se reivindica la esencia de la Cerdanya. su historia, tradiciones, gastronomía y su paisaje humano.
Lo mismo ocurre en el Pallars, dónde Port Ainé y Espot reivindican las costumbres, tradiciones, lengua y culturas propias de sus tierras.
Mientras tanto, Baqueira parece haber olvidado de dónde viene… y a quién pertenece su montaña.
Porque el verdadero lujo no está en los hoteles de cinco estrellas ni en las campañas internacionales: está en ser auténtico, en mirar al visitante a los ojos y mostrarle la historia real del lugar que pisa.
En recordar que estas montañas, antes que destino turístico, fueron hogar, frontera, camino y vida.
¿De qué sirve mirar al mundo si se deja de escuchar el latido de las propias montañas?
Baqueira podría ser la voz del Pirineo, un ejemplo de cómo el progreso y la tradición pueden caminar juntos. Pero hoy suena más a escaparate que a historia. Y mientras se vende como “internacional”, pierde lo que la hacía irrepetible: su alma pirenaica, aranesa y catalana.
Quizás ha llegado el momento de volver la mirada atrás.
De recordar que la nieve no solo cae sobre las pistas, sino también sobre siglos de cultura, lengua y memoria.
De entender que ser internacional no significa olvidar el lugar del que uno proviene.
Porque las montañas siguen ahí, silenciosas, esperando que alguien vuelva a escucharlas.
Y ojalá, algún día, Baqueira vuelva a hablar en la voz de su tierra.
¡Gracias por leer hasta el final!
Salutacions ;)