La brecha salarial en el mundo cada vez se agranda más. Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Las clases medias desaparecen al mismo tiempo que los oligarcas rusos se pasean por Marbella y los dueños de las tecnológicas americanas se casan en Venecia. Las cuentas corrientes se desenvuelven entre los que tienen que rellenar la despensa acudiendo al Banco de Alimentos y los que necesitan millones para mantener atracado un yate descomunal que sólo utilizan quince días al año. Reyes y plebeyos del siglo XXI que, aunque parezca mentira y por motivos bien distintos, piensan aquello de «virgencita déjame como estoy». El mercado laboral da de sí lo que da de sí y mientras intentamos...
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