No sé si el amor se vuelve hortera por necesidad o desesperación o descuido literario: poco importa. Hay algo que está por encima de las formas, y es la vida, sobre todo cuando esta se enciende y se parece, en la distancia o en el abismo de la vejez, a aquello que un día llamamos adolescencia. Donde tantos ven a un Nobel de Literatura haciendo el ridículo con las cartas que le enviaba a su novia yo veo a un hombre de setenta y tantos años aún sediento de experiencias, aún excesivo, romántico, ingenuo, febril, alegre, divertido. «Desde la noche maravillosa de la peletera, mi vida se llenó de juventud, de sueños, de deseos y fue como si por fin...
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