Hace un año, la zona de Levante estaba sumida en una catástrofe histórica que ha marcado la vida de los valencianos. La tarde de la dana , el 29 de octubre de 2024, así como las jornadas sucesivas, dejaron historias desgarradoras. La riada de coches, el desplome de puentes o los testimonios de las familias de las víctimas pidiendo auxilio a través de la radio, son algunos ejemplos. Una de ellas fue la historia de una residencia de Picaña, donde Jose Antonio Soler , hijo de Maruja, que perdió la vida esa noche a los 95 años, escribió con barro: «Adiós, Mamá, no pudimos llegar a tiempo. Perdón». Acompañado de un corazón. Con motivo del aniversario, TVE ha encontrado al autor de la pintada. José Antonio cuenta, entre lágrimas, lo que le llevó a dejar un mensaje a su madre en una puerta: «Una persona de esa edad, que de repente está todo oscuro. La sensación de soledad te puede hacer pensar que te han olvidado. Era para decirle que no lo habíamos hecho». Pudo llegar al día siguiente, lo intentó de todas las formas la noche anterior, pero era imposible por el barro. Su sentimiento, asegura, es de «impotencia» y «rabia». «Es una zona de ancianos, es una sensación de haber fallado », asegura. Maruja residía en un complejo que cuenta con un Centro de Día municipal y 31 viviendas tuteladas de la Generalitat construidas en una zona de riesgo en primera línea de barranco. En ellas murieron al menos cinco vecinos residentes más. «Ese día se evacuó el Centro de Día, y nadie avisó ni advirtió a las viviendas tuteladas», denuncia José, hijo de Antonio Picos, fallecido ese día en una de las casas tuteladas. «Fue una ratonera para ellos, murieron solos y asustados y nadie les avisó», lamenta Carmina Gil, cuya suegra también murió en las mismas condiciones.