Rosalía sorprende con su nueva reflexión existencial: el detalle que conecta con Platón y San Agustín
Rosalía y el eco filosófico de su nuevo single
La publicación de Berghain, primer adelanto del álbum Lux que verá la luz el próximo 7 de noviembre, ha provocado una oleada de interpretaciones sobre el nuevo rumbo de Rosalía. En la canción, producida junto a Björk y Yves Tumor, la artista explora una mezcla entre electrónica, misticismo y confesión personal que ha reabierto un debate sobre el papel del arte como medio espiritual.
En una entrevista concedida al podcast Radio Noia, Rosalía afirmó: “Yo tengo un deseo que este mundo no puede satisfacer”. Esta frase, aparentemente sencilla, ha sido interpretada como una declaración sobre el vacío existencial que acompaña a la sociedad contemporánea. Sus palabras se alejan de la promoción convencional y apuntan a un terreno más íntimo: el de la búsqueda de sentido.
Un deseo que trasciende lo material
Según explicó el profesor Ricardo Calleja en el espacio Laboratorio de Ideas, emitido en COPE, las palabras de la cantante tocan una fibra profundamente humana: el deseo de plenitud que no encuentra respuesta en lo material. “Todos tenemos deseos de algo infinito que no podemos satisfacer por nosotros mismos”, comentó el experto.
Calleja distinguió tres niveles en la estructura del deseo humano: los impulsos, que responden a necesidades inmediatas; los objetivos, que implican esfuerzo y planificación; y el anhelo, una dimensión más profunda y espiritual. Para el académico, Rosalía habla desde ese tercer nivel, donde el deseo no se apaga con el éxito ni con la fama, sino que empuja hacia algo que trasciende la experiencia terrenal.
De Platón a San Agustín: una tradición del alma
El análisis de Calleja sitúa las palabras de Rosalía dentro de una línea filosófica que arranca en Platón. En su diálogo El banquete, el pensador griego explica que el ser humano siente una falta interior, un eco del alma que busca reencontrarse con su otra mitad. El amor, según esta idea, sería una nostalgia del origen, un intento de recuperar la unidad perdida.
Esta noción del deseo como motor espiritual fue retomada siglos después por San Agustín de Hipona, quien escribió en sus Confesiones: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. La frase, citada por el periodista Jorge Bustos durante el programa, enlaza la tradición cristiana con el lenguaje contemporáneo de la artista catalana.
El arte como búsqueda de sentido
La colaboración entre Rosalía, Björk y Yves Tumor en Berghain refuerza esa dimensión simbólica. Más que un ejercicio estético, el tema parece una exploración del alma moderna atrapada entre luces y ruido. Calleja apuntó que “el arte auténtico, cuando es auténtico, no se limita a vender una emoción, sino que nos enfrenta a nuestra propia falta”.
El propio título del álbum, Lux, sugiere un camino hacia la claridad. En un contexto dominado por la inmediatez digital, Rosalía ofrece una propuesta que invita a la introspección y rescata el valor de la contemplación, un gesto que recuerda a los antiguos místicos y filósofos.
El eco cultural de una confesión
El debate abierto por Berghain trasciende el ámbito musical. La reflexión sobre el vacío y el deseo conecta con una inquietud generacional que se expresa en redes sociales, literatura y cine. En este sentido, el comentario de Calleja resalta la capacidad del arte para reactivar preguntas fundamentales sobre quiénes somos y qué nos mueve.
Desde los templos griegos hasta los escenarios del pop global, la búsqueda de lo absoluto ha sido una constante. Rosalía, al verbalizar su propio vacío, no solo abre un diálogo entre fe y arte, sino que acerca la filosofía al gran público.
Una artista entre lo divino y lo humano
La figura de Rosalía se consolida así como un puente entre lo sagrado y lo contemporáneo. En tiempos de saturación y ruido, su mensaje apunta a una necesidad universal: reconocer la fragilidad del deseo y aceptar que su plenitud quizá no esté en el éxito, sino en la pregunta que lo origina.
Con Lux, la artista parece ofrecer algo más que un disco. Propone una mirada hacia dentro, donde el alma, como escribió Platón, “habla en enigmas porque recuerda lo que ama sin saberlo del todo”. Una invitación, en definitiva, a redescubrir ese deseo infinito que nos hace humanos.