Lo que sucede cuando unes una bicicleta a una Honda CBR: el resultado bate marcas
Un experimento extremo con ánimo de récord
El ciclista austriaco Elias Schwärzler logró en 2022 alcanzar una velocidad de 272 km/h a bordo de una bicicleta de montaña atada a una Honda CBR1000RR, en el circuito Lausitz Ring. Para poner la hazaña en contexto: no se trató de pedalear con grandes desarrollos ni condiciones controladas de velódromo, sino de dejarse arrastrar por una moto con la seguridad al límite.
Este tipo de pruebas exploratorias se sujetan al criterio del Guinness World Records cuando se trata de "bicicleta remolcada", categoría en la que el ciclista no pedalea activamente.
El método: atar, acelerar y rezar
Preparación y condiciones
La logística del experimento incluía atar una cuerda o goma entre la bicicleta y la moto. La motocicleta arranca, acelera al máximo y el ciclista, sin pedalear, se deja llevar hasta soltar el punto de remolque y continuar por inercia, bajo control limitado.
El viento en contra se convirtió en factor crítico: aunque la Honda CBR1000RR está limitada físicamente a unos 300 km/h, la prueba se vio afectada por un viento frontal fuerte, que impidió alcanzar esa cifra.
Resultado y cifra clave
Finalmente, la velocidad registrada fue de 272 km/h. Esa es la cifra que se convirtió en nuevo récord para bicicleta remolcada por un vehículo a motor.
¿Qué nos dice sobre las bicicletas “normales”?
Límites reales y seguridad
Es importante subrayar que el récord no se corresponde con bicicletas pedaleadas en circuito convencional, sino con una situación extrema de arrastre motorizado. Por tanto, extrapolar esa cifra a un uso habitual sería engañoso.
En condiciones reales de ciclismo (autónomo, pedaleando, sin remolque) los factores que limitan la velocidad incluyen la fuerza del ciclista, el desarrollo de la bici, el viento, el tipo de suelo y la aerodinámica. Las velocidades de “crucero” para ciclistas muy entrenados en carretera suelen estar muy por debajo de los 100 km/h.
Importancia de la aerodinámica y el entorno
Una de las grandes lecciones es la influencia del viento y la aerodinámica a esas velocidades. En el experimento, aunque la bicicleta no pedaleaba, debía enfrentarse al arrastre del aire a más de 250 km/h. Cualquier cambio de viento o turbulencia puede influir notablemente. El viento frontal devolvió la prueba de 300 km/h al suelo, digamos.
Relevancia para el mundo del deporte y la ingeniería
Innovación y límites alcanzados
Aunque no tenga aplicación directa en el ciclismo competitivo habitual, la prueba plantea reflexiones interesantes sobre límites técnicos, materiales y aerodinámica. ¿Hasta dónde pueden llegar los ciclistas si optimizan cada componente? La respuesta se acerca más a la ingeniería que al pedal puro.
Una prueba extrema que permite ver cómo, en condiciones muy específicas, una bicicleta puede alcanzar velocidades impensables en el uso cotidiano. El elemento clave es la combinación: arrastre motorizado + recta de circuito + viento controlado. El resultado, 272 km/h, sirve como testigo del límite técnico más que como referente para el ciclismo diario.