Ambición presidencial: el espejismo del chivo expiatorio migrante
“Y verás cómo expulsan en Chile al amigo cuando es forastero”. La letra adecuada a las circunstancias, de la canción resuena con amarga actualidad.
En el actual ciclo político pre electoral, las opiniones de los candidatos presidenciales de la derecha sobre migración no solo dejan mucho que desear, sino que revelan una estrategia calculada y peligrosa.
Ensañarse con la migración irregular tiene un multipropósito. Sirve para construir un “enemigo” útil, un “otro culpable”; creando una distracción masiva que desvía la atención de los temas cruciales para la vida de las y los chilenos. Es una cortina de humo que evita tener que exponer un proyecto de gobierno claro y, algo no menor, insensibiliza socialmente frente al abuso estatal. Hoy son migrantes y otros más; mañana podrían ser otros, o incluso quien lee estas líneas. Este relato, que siembra miedo para buscar sometimiento, no es nuevo. Tampoco es eterno.
Resulta cínico que algunos hijos de los viejos colonos, quienes llegaron al sur con ayuda del estado a territorios mapuches, hoy se erijan en seleccionadores. Olvidan que ayer también hubo otros migrantes que, sin ayuda alguna, se insertaron trabajando en minas, campos y fábricas para construir este país sin dañar los intereses de nadie. Los que se sienten dueños de todo anhelan más poder, y en esa lucha desenfrenada por llegar al gobierno cueste lo que cueste, no dudan en utilizar a los más vulnerables o pelearse entre ellos.
Propuestas impracticables y costos fantasiosos
Durante su intervención en “El Debate” de Canal 13, José Antonio Kast planteó que “hay que cerrar las fronteras como corresponde”. Cree que la migración se controla solo con violencia estatal en la frontera, un argumento falso que Estados Unidos, con 14 millones de migrantes irregulares, demuestra como un fracaso.
Su “solución” se centra en expulsiones masivas. Prometió no regularizar a los cerca de 300 mil migrantes irregulares y, en cambio, expulsarlos usando vuelos chárter. Según sus cálculos, un avión de 100 personas costaría $100 millones, y “esas mismas personas van a colaborar a pagar su pasaje”. Esta idea raya en lo fantasioso y lo vergonzoso.
Con una población migrante irregular estimada en 336.984 personas (INE, finales de 2023), y expulsando 100 personas por día sin parar, se necesitarían más de 9 años. El costo directo superaría los $336 mil millones, un gasto enorme e inútil que ignora por completo el impacto que estas expulsiones tendrían en rubros productivos que dependen de esta mano de obra.
Discriminación y el rostro más cruel: los niños
El discurso no se detiene en los adultos. Johannes Kaiser propuso devolver a los menores de edad a los países de origen de sus padres, negándoles el acceso al sistema educativo. Por su parte, Kast afirmó estar dispuesto a cambiar la Constitución para reemplazar el ius soli (derecho por nacer en el territorio) por el ius sanguinis (derecho por sangre), una idea que hoy es inconstitucional hasta en la Carta Magna que él defiende.
Mientras, Evelyn Mattei mezcló afirmaciones sin sustento –como que los hijos de migrantes tienen preferencia en las salas cuna– rematando con un “primero los chilenos, siempre”, un eslogan que encierra un profundo racismo. La verdadera carencia no la genera el migrante, sino la falta de previsión del Estado para ampliar la oferta pública. Cuando se trata de niñas y niños, cualquier discriminación, por nacionalidad o la que sea muestra lo peor de la condición humana.
La soberanía como excusa para la regresión
Para completar el cuadro, los candidatos de ultraderecha proclaman establecer centros de internación cerca de las fronteras, copiando políticas fallidas como las de Trump al que adoran.
Invocan una soberanía que está herida (por tratados comerciales, y otras injerencias extranjeras) para justificar el cierre de fronteras a trabajadores migrantes, pero se arrodillan ante los poderes hegemónicos a los que ceden derechos a cambio de negocios.
Si se cumplen estas promesas, Chile violaría numerosos compromisos internacionales, perjudicando no solo a los migrantes, sino a toda la ciudadanía, que vería erosionados sus derechos.
La verdad silenciada: el aporte tangible
Lo que estos candidatos no dicen es que, en 2024, la población migrante contribuyó con un 10,3% al PIB chileno, superando su peso poblacional (8,7%). Esta contribución ha crecido consistentemente y demuestra que no son carga sino un aporte.
A nivel global, las remesas de los migrantes (US$857.000 millones en 2023) superan en 3,8 veces la Ayuda Oficial al Desarrollo, siendo un antídoto contra la pobreza más efectivo que las promesas incumplidas de los países ricos. Algo para reflexionar y actuar con mayor justicia.
Sería inteligente mirar con otros ojos la migración: como trabajadores, agentes de desarrollo como son los trabajadores en el mundo. Por su condición generan un aporte al PIB, una solución a la escasez de mano de obra, un rejuvenecimiento demográfico y un enriquecimiento cultural. Muchos aportes invisibilizados.
Tenemos un futuro compartido que nos espera detrás de las incertidumbres del presente. No podemos permitir que intereses mezquinos y un relato colonial lo arruinen con un discurso de odio, expulsiones inviables e injustificadas y una ambición presidencial que no duda en sacrificar a las personas en el altar del poder.