Nostalgia digital: ¿moda, fenómeno cultural o respuesta a la presión cotidiana?
En los últimos años, ha surgido en redes sociales un nuevo movimiento llamado nostalgia digital, centrado en recordar marcas, moda, tecnología obsoleta, música y cultura pop de décadas pasadas.
Esta explotación de la nostalgia no es algo nuevo; se ha manifestado durante más de una década en televisión, series y películas, especialmente con la sobreexplotación de los años 80.
Un ejemplo claro es Stranger Things, que rescató la estética, canciones que se volvieron hits nuevamente y tecnología retro como casetes, VHS y consolas de videojuegos.
La prensa también ha contribuido a acrecentar este fenómeno con notas sobre la transformación física de los personajes de nuestra infancia, bajo títulos como: “¿Recuerda a este personaje? Mire cómo está ahora”.
La música actual refleja, igualmente, esta nostalgia digital. Artistas de Internet recuperan géneros antiguos y les agregan un toque moderno, creando así subgéneros que evocan sonidos de hace 20, 30 o 40 años.
Un caso emblemático es el Vaporwave, surgido en 2011, que recuerda los años 80 mediante ralentizaciones, tonos electrónicos, colores de neón e imágenes de productos y ambientes de esa época. Además, se observa una creciente demanda de remakes de videojuegos y películas clásicas, que regresan a la moda y al interés del público.
Pero, ¿qué efectos tiene este constante bombardeo de recuerdos en redes sociales? Varios factores pueden perjudicar la percepción y el pensamiento de los adultos jóvenes.
El marketing explota la nostalgia de una generación para vender productos, con lo que crea una necesidad de adquirir objetos que rememoren la infancia o que no pudieron obtener antes. Esta demanda genera inflación artificial de artículos de segunda mano y convierte el coleccionismo en una forma de inversión, donde juguetes, cartas y tecnología rara se venden a precios exagerados bajo la etiqueta de “vintage”.
El deseo de mirar al pasado con anhelo funciona como un escape del presente. La pandemia de covid-19, el encarecimiento de la vida y la dificultad de alcanzar metas como la adquisición de vivienda o vehículo, o el desarrollo de un emprendimiento, han hecho que un solo salario ya no sea suficiente en el hogar. Los empleos exigen más estudios y habilidades, a menudo a cambio de salarios mínimos.
Estas presiones, junto con la incertidumbre sobre asuntos como el futuro de las pensiones, la amenaza de la automatización en muchos trabajos y los problemas interpersonales, han intensificado la sensación de agobio. Así, el pasado se idealiza como un tiempo con menos responsabilidades y un futuro más prometedor.
Es probable que las próximas generaciones sean cada vez más nostálgicas, conforme afronten realidades más asfixiantes y obligaciones crecientes, al tiempo que la estabilidad económica y social se prioriza sobre la salud mental y el bienestar personal.
La nostalgia digital, entonces, no es solo un fenómeno cultural; es también un reflejo de la presión y la ansiedad de tener que vivir en tiempos complejos.
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Pablo Alvarado Campos