Curro sigue toreando. A veces, cuando cree que nadie lo ve, coge la toalla en la ducha con las yemas de los dedos y los meñiques hacia afuera, como si se los hubiera tallado Juan de Mesa, y le pega tres o cuatro lances milagrosos al agua. La congela en el aire y no deja que llegue al suelo. Porque lo que él hacía con los toros era magia. Otras veces coloca las sábanas en la cara de un animal imaginario y se lo pasa por dentro de los huesos. Lo que ocurrió aquella noche de hace 25 años fue sólo un capítulo de la vida profesional, pero el artista sigue intacto. Carmen había salido a cenar con unos amigos...
Ver Más