Se abrochaba la temporada con la vuelta a los orígenes: se anunciaba el festival más antiguo, el de Chinchón, La bandera de España adornaba las balconadas, las barreras, la boca de riego y las bandas de las majas del coche de caballos. Hasta una corona con las flores rojas y gualdas en recuerdo de David, el hombre que amó y defendió el campo hasta el final de sus días. Su padre agradeció a los toreros -por actuar desinteresadamente-, al alcalde y a los aficionados su colaboración. Un «¡viva!» al sector primario precedió a un emotivo minuto de silencio. Y a las cinco y veinte apareció el altote primero, tan mermado de poder que defendia. Con una asolerada sutileza lo toreó...
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