Cuando en el minuto 80,
Flick decidió dar entrada a
Araujo por
Casadó, para situarlo como delantero centro, a los más veteranos nos vino rápidamente a la memoria el recuerdo de
Alexanko, otro central al que
Cruyff solía recurrir en situaciones desesperadas, para dejarlo descolgado en el área contraria y que pudiera cazar algún balón descontrolado para convertirlo en el gol de la victoria. Ante la falta de soluciones futbolísticas, en ocasiones se ha de recurrir a la épica, como lo hizo ayer un Barça absolutamente superado por el Girona, que no se llevó la victoria por la indolencia de sus delanteros, que perdonaron las incontables oportunidades de gol que tuvieron ante la portería de
Szczesny. Lo peor del partido no fue el sufrimiento para sumar tres puntos vitales, antes de la visita al Bernabéu del próximo domingo, sino la imagen desquiciada de un
Flick al que el desbarajuste institucional le parece afectar más de lo debido.
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