Las dos personas normales, que estaban paseando tan a gusto sin otro destino que el de abrir el apetito, se detienen ante uno de esos gimnasios-granja con vistas a la calle que abundan en las ciudades. Las dos personas normales observan el interior, tan entretenidas, señalando a veces a alguien, como si eligieran langostas. —Qué gordo ese, ¿eh? —dice la primera persona normal. —Guarda el dedo. —No, si ellos no nos ven. —¿Cómo que no nos ven? —¿Nos ven? —Pues claro que nos ven. Si tú los ves a ellos, pues ellos te ven a ti. ¿Por qué no iban a vernos? —Pensé que era como en las comisarías, cuando hay que elegir a un sospechoso al tuntún. —¿Cómo al...
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