Casabanchel, ese espacio experimental regentado por Jorge Varela, Marko Zednik, y Javier Muñoz en Carabanchel, que salió huyendo de Malasaña «cuando aquello se empezó a convertir en otra cosa», cumple diez años. Y lo está celebrando (como celebra que al final no cierra, como se especuló, ahora que Carabanchel también se ha convertido en otra cosa ), aprovechando una ayuda otorgada por el Ayuntamiento de Madrid, con los suyos, aquellos que han pasado por sus estancias; esa familia, como recuerda Carlos Aires, el último de los convocados, elegida, «la que poco tiene que ver con la sangre pero mucho con lo visceral». Precisamente el malagueño, que pensó en un principio en regalarle a sus gestores un proyecto artístico basado en...
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