En una sociedad que busca soluciones en la tecnología para cada problema, el insomnio estival se combate con un arsenal de aparatos que, paradójicamente, podrían estar empeorando nuestro descanso. La verdadera solución, según la neurociencia, reside en una costumbre tan antigua como sabia: "salir a la fresca". Este simple gesto activa los dos pilares fundamentales del sueño natural: la regulación de la temperatura corporal y la correcta sincronización con los ciclos de luz.