Los toros de Cebada, tan temidos, siempre con la incertidumbre de qué comportamiento desarrollarán, ya venían pidiendo guerra durante su estancia en los Corrales del Gas. Juan Quiñones, el mayoral de la divisa, contaba a ABC que la noche de la tormenta del 4 de julio tuvieron que ser separados para evitar mayores peleas. En vela se ha pasado este hombre de campo (nació en la finca y es la tercera generación) las madrugadas pamplonicas, y no de farra, sino manguera en mano para tratar de calmar a los cebadas cuando empezaban a calentarse. El 6 de julio fue su único día en calma, con la entrada de los bueyes de Currito. A la hora del Chupinaz o descansaban sobre...
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