En un tren español, Jesse no hubiera tenido que invitar a Céline a bajarse del vagón para seguir conversando. No, nuestra 'Before Sunrise' hoy, aquí, requiere menos decorados. La pareja ferroviaria de mi generación no se hubiera visto obligada a vagar por las calles de Viena, a besarse en un parque o a dormitar en una fuente. Su conversación continuaría en el convoy, en un asiento tapizado con amplio ventanal a la llanura mesetaria. No será Austria, pero tiene su gracia. Y gratis. Porque en nuestra España actual, esa en la que nadie regala nada, Renfe –Adif o quien corresponda– le hubiera echado un cable a la parejita incluyendo con sus billetes una larga parada. Menudo 'plus'. Tiempo y aislamiento...
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