El 12 de julio próximo se cumplen 45 años de la conformación del primer Tribunal Constitucional en España. Y, en lugar de conmemorar el cuadragésimo quinto aniversario de un hito, de la « coronación del Estado de derecho en España » (como lo definió su primer presidente, don Manuel García-Pelayo ), parece que en lo que andaremos será en lagrimear por su deterioro. Es preocupante para nuestra democracia el desprecio de la mayoría de sus miembros y de su propio presidente, en inusual y desacomplejada dejación de funciones, al cometido y responsabilidad de la institución que hasta ahora había sido figura clave para la consolidación de la democracia y principal valedora de nuestra Constitución. Pero no se me equivoquen en...
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