La confesión de Felipe González a Alsina ha terminado de poner al PSOE en su peor coyuntura histórica. El expresidente promueve el voto en blanco para desalojar del poder al partido que él refundó. Y el aparato sanchista ha activado inmediatamente la máquina del fango contra quien debería tener tratamiento de excelencia para cualquier socialdemócrata mínimamente formado. Pero los dos acontecimientos apuntan directamente a Andalucía como epicentro de las corrientes de leva del socialismo actual. Sánchez se reunió con Illa en La Moncloa para escenificar su apuesta por empoderar al PSC frente a la federación andaluza, históricamente la más fuerte del partido, pero lo hace para soslayar un fracaso que lleva su nombre. El sanchismo ha ayudado de manera impagable...
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