Gran Bretaña en general y Wimbledon en particular son terreno peligroso en conceptos ajenos a lo estrictamente deportivo porque hay mucha prensa sensacionalista que clava sus tentáculos en el torneo. Ya menos que a finales de los años 90, cuando el
All England Club decidió reunirse con los tabloides para poner coto al torrente de informaciones que afectaban personalmente a los deportistas.
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