Inabarcable, visceral, inmenso. El amor paternofilial arraiga en lo más profundo del ser; muestra todo lo que una madre o un padre pueden hacer; y también, todo lo que son incapaces de controlar. El precio de querer tan profundamente es un dolor sordo y permanente por la vulnerabilidad que conlleva; es un miedo constante a la pérdida; un temor que nace de la conciencia de lo frágil. Y cuando algo malo le sucede a un hijo, el sufrimiento desafía al lenguaje, a la lógica y hasta al propio instito de seguir adelante. Rosa e Isidro «sobreviven» desde hace una década bajo el yugo de esa aflicción devastadora. Su primogénito, Paco Molina , desapareció hace diez años [fue visto por última vez el 2 de julio de 2015 en Córdoba]. Desde entonces, el único motivo que mantiene a este matrimonio en pie se apoya en la esperanza de volver a ver a su hijo. El joven había quedado con unos amigos aquella aciaga tarde. Dijo a su madre que dormiría en casa de uno de ellos, lo que resultó no ser cierto. Al día siguiente, su teléfono ya estaba inoperativo . Hasta el día de hoy. Paco no dejó rastro alguno; y, a priori, no tenía ningún motivo para marcharse. Varias personas aseguraron entonces haberlo visto en la estación de autobuses de la capital, pero ese extremo nunca se confirmó oficialmente. Las primeras hipótesis hablaban de una fuga voluntaria; sin embargo, con el tiempo, esta posibilidad fue perdiendo fuerza. A lo largo de esta última década, la investigación ha explorado diversos supuestos. Y, a día de hoy, si bien algunas cobran más peso que otros, «no se puede descartar ninguno». Así lo explican a ABC desde la brigada de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEF) que se encarga de la desaparición de Paco. «Lo que podemos decir es que estamos trabajando en el tema de manera interrumpida. Esto no se ha cerrado en ningún momento. Nos movemos desde el inicio con varias líneas y, evidentemente, hay algunas que tienen más recorrido o más probabilidades de ser que otras. Y ahí seguimos y seguiremos hasta que Paco aparezca », indican desde esta unidad de la Policía Nacional. ¿Cuáles son los supuestos que se abordan? «Entre otros, que hubiera podido salir de Córdoba, que se hubiera quedado en la ciudad, que hubiese sido algo forzoso; o, por el contrario, que no lo fuera. Intentamos ser objetivos, es decir, no damos falsas esperanzas . Y la familia lo sabe. Tenemos contacto permanente con ellos», explican los investigadores. En todo este tiempo, se ha especulado con teorías variopintas como su captación por redes de explotación, relaciones peligrosas a través de internet, trata de personas y hasta su salida voluntaria bajo manipulación psicológica. Ninguna ha sido confirmada ni desmentida por la Policía, que guarda hermetismo para no interferir en la investigación. Sobre la hipótesis que defienden los padres de Paco de la desaparición forzosa , la UDEF señala que «ellos lo tienen claro, por supuesto. Les parece muy extraño que su hijo se hubiera marchado por iniciativa propia. Pero, insisto, tampoco es algo que podamos descartar porque, por las circunstancias, podría ser que lo hubiera hecho voluntariamente al inicio y luego le hubiera surgido algo, alguna incidencia que desconozcamos, y que por eso no hubiera contactado posteriormente con los padres». En este escenario de incertidumbres, las llamadas por posibles avistamiento siguen llegando. Incluso desde otros países, según los efectivos de la UDEF. «Nos telefonean personas que, supuestamente, han visto a alguien que podría ser Paco. Lógicamente, todo se verifica. Y se han hecho comprobaciones de mil tipos, incluso algunas más rocambolescas que otras. Pero nuestro trabajo es constatarlo todo». En estos momento, la investigación sigue una pauta circular , a la espera de confirmar alguna de las líneas abiertas: «Volvemos sobre elementos que hayamos podido ver en su momento, los abordamos de nuevo por si se puede sacar algo en claro, por si podemos aprovechar algún avance que exista ahora», señalan desde el equipo que se ocupa del expediente. La complejidad del caso de Paco radica en la multiplicidad de hipótesis «y no podemos terminar de cerrar ninguna». «La mayor dificultad está en tener muchas líneas en curso». Además, según apuntan los investigadores, «esta búsqueda supone, en cierto modo, una mayor presión, porque se trataba de un menor en el momento de su desaparición, es decir, una persona más vulnerable . A ello se suma que son diez años ya lo que llevamos buscando a Paco. El sufrimiento de la familia es inmenso». A la enmarañada 'telaraña' de plausibles conjeturas se suman otras dificultades que, además de poner palos al curso de la investigación, añaden más dolor a la familia de Paco. Se trata de las llamadas maliciosas que han recibido a lo largo de todos estos años; algunas, incluso, tratando de extorsionar a los padres . «Es un problema que nos solemos enfrentar con desapariciones de largo recorrido. Hay gente que solo buscar hacer daño», confirman desde la UDEF. Isidro y Rosa se han visto obligados a levantar un muro de entereza exterior para no romperse del todo por dentro. «No nos podemos amparar en la pena y en la tristeza, porque si no, no avanzamos», repite el cabeza de familia cuando se quiebra la voz de su mujer al profundizar en la desaparición. «Si pudiera leer este reportaje, queremos que sepa que las puertas de su casa siguen abiertas . Es más, ni siquiera le preguntaría dónde ha estado todo este tiempo», confiesa el padre. Sin embargo, ahora, con Paco desaparecido, las cuestiones sobre su paradero se agolopan en la cabeza de este matrimonio. «Hemos vuelto una y otra vez a aquel 2 de julio, porque el tiempo no apacigua este drama. Y tenemos claro que el mensaje que nos mandó, diciendo que iba a dormir fuera, fue raro , muy raro e impropio de él porque no pidió permiso», rememora Rosa. Al día siguiente, cuando el joven no había regresado y tenía el teléfono apagado, la pareja sintió la primera punzada de temor al llamar al amigo de Paco y confirmarles este que el chico no había pasado la noche en su casa . Avisaron, entonces, a otro conocido del chico, y les dijo que esa misma noche su hijo había quedado con alguien , pero que no sabía con quién. La investigación policial por parte de agentes de la Comisaría Provincial de Córdoba arrancó de inmediato (el caso pasaría después a la UDEF). Pese a que había un testigo que creyó haber visto a Paco en la estación de autobuses, «no se vieron las cámaras. Nunca se vieron. No hay imágenes que corroboren lo que apuntó esta persona; en concreto, se trataba de un conductor que describió con mucho detalle al joven que, según él, podía ser mi hijo. Me llegó a decir que tenía las mejillas son rojadas. A Paco, cuando tiene calor o está nervioso, se le enrojece la cara», señala Isidro. La pareja considera que al principio del caso, «no se hizo todo lo posible y de ahí arrastramos esta situación. Porque las primeras horas no es que sean imprescindibles, es que son las únicas para sacar información. Y eso se perdió», se lamenta la madre. El caso pasó después de la UDEF, «que han hecho, muchas, muchísimas cosas. Pero, claro, no han dado resultado porque las pruebas más cruciales no las tenemos. Es que por la calle también hay cámaras que se podrían haber visionado. Si fuera el hijo de otra persona, de un policía, por ejemplo, eso no hubiera pasado. Pero el mío era un número más, por lo visto», critica duramente Rosa. La vida del matrimonio, que tiene otro hijo que soporta junto a sus padres el calvario de no saber dónde está su hermano, pasa pendiente del teléfono . «Mi móvil está encendido desde el 2 de julio del 2015, día y noche. Y cuando veo que me llama un número que no tengo grabado en mis contactos, se me encoge todo el cuerpo porque no sé que me voy a encontrar al otro lado», confiesa Isidro. «Vamos a seguir confiando en que algún día lo puedan encontrar. Hay pesonas que han aparecido después de mucho tiempo. Mientras no haya evidencia de muerte, hay esperanza de vida », apunta la madre de Paco.