El
Atlético de Madrid cayó en la fase de grupos del Mundial de Clubes. No se reforzó un equipo que lo pedía a gritos.
Simeone tampoco metió el bisturí. Y los jugadores, a nivel de calidad y ambición, y así en general, dan para lo que dan.
Si nada cambia, lo lógico es que todo siga igual. La crónica de una muerte anunciada, que ayudaron a certificar los arbitrajes en Estados Unidos, sobre todo el del rumano
Kovacs y este de
César Ramos. A este equipo no se le respeta, pero eso empieza por los que mandan.
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