Tener sífilis a comienzos del siglo XX en Madrid era casi una condena de muerte. Era esta una enfermedad terriblemente grave , prácticamente sin cura, que se trataba con arsénico, lo que tenía gravísimos efectos secundarios. Hasta que llegó la 606, una inyección que lograba frenar los síntomas sin envenenar al paciente, y que fue el más fiable de los tratamientos hasta la llegada de la penicilina. El eminente doctor Philiph Hauser calculaba una tasa de mortalidad por sífilis en Madrid a comienzos de 1900 de un 1,85 por 10.000 habitantes: unos 94 fallecidos al año por esta causa. Pero una vez más, la ciencia vino en rescate de la Humanidad. Comenzaron a desarrollarse investigaciones sobre el tema, y un...
Ver Más