Las dos personas normales se plantan delante de una artista callejera: una chica de pelo largo y lacio, y vestido de algodón, que canta a capela en la calle, abriendo los brazos así o asá, cerrando mucho o poco los ojos, según exigencia, sentido del drama, afinación. Hay más gente detenida, extasiada por esa voz sedosa que parece apagar (o hacer olvidar) el tráfico. La primera persona normal susurra: —Jolín. —¿Has dicho jolín? —dice también en voz baja la segunda persona normal. —Jolín, cómo canta la chavala… —¿Tienes cinco años? —¿Cómo que si tengo cinco años? —Yo creo que para decir jolín hay que tener cinco años. Como mucho. —Pero, ¿cómo voy a tener cinco años, si tengo hijos? —Pues...
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