Planificar nuestros últimos días no es ninguna tontería. La mayoría de personas deja sin atar los cuidados y tratamientos que queremos recibir al final de la vida o cómo abordar una enfermedad grave, decisiones muy complicadas que quedan en manos de los médicos y de los familiares pese a que existe una herramienta que nos permite anticipar, cuando estamos en plenas facultades para expresar libremente nuestra voluntad, qué pretendemos que ocurra cuando llegue ese momento y por cualquier circunstancia ya no podamos expresar nuestros deseos. Si queremos que nos intuben o no, decisiones sobre respiración asistida, donar el cuerpo a la ciencia o los órganos para trasplantes, y hacer constar la solicitud de prestación de eutanasia si se cumplen ciertos requisitos legales y médicos, lo que evita sufrimientos innecesarios.